Las pecas de la luna. Capítulo 8

En la base secreta, solo podían observar por las pantallas cómo la nave principal de la SGCE, con el Vacío a su espalda, avanzaba lentamente. Atravesaba sistemas, dejaba atrás planetas y se aproximaba con decisión contenida hacia un punto que parecía marcar un destino inapelable.
 La base central de la SGCE y su personal habían sido transportados a una posición cercana a Xochi-12; desde allí podían interceptar a la nave antes de que alcanzara su objetivo.
 En la base secreta, el ambiente era una mezcla de temor y esperanza contenida. Todos aguardaban que el tiempo avanzara rápido para que llegara una resolución: vencer al Vacío, desterrar a las sombras, y devolver la paz al universo. Wian deseaba que todo terminara para poder despedirse de su padre, regresar a su mundo y cuidar a su gente. Jeremías buscaba el fin del conflicto para conocer más del cosmos, quedarse al lado de Wian y descubrir cuánto pudiera sobre las estrellas.
 —Jeremías, Wian —dijo Azhumii desde el panel principal—, la nave que seguimos está entrando en el sistema; en unos instantes quedará a distancia visible del planeta y de la base de la SGCE. ¿Desean dar alguna indicación?
 —Azhumii, ¿puedes abrir un canal de comunicación con la base? —preguntó Jeremías.
 —¿Qué estás pensando? —susurró Wian por la mente.
 —Debemos hacerlo todo. Actuar con voluntad y firmeza, agotar cada oportunidad —replicó Jeremías, mirando a Wian—. Entonces, Azhumii, ¿puedes?
 —Sí. En un momento tendremos el canal listo —respondió ella, y salió de la sala para activarlo.
 Jeremías tomó la mano de Wian.
 —Wian, me enseñaste tanto. Haré lo impensable para que estés bien.
 —Si de que estemos bien se trata, no puedes dejarme ahora, Jeremías —respondió ella.
 Se tomaron de las manos, se besaron y estrecharon sus cuerpos.
 —Nunca podría abandonarte —susurró Jeremías telepáticamente.
 Unos instantes después Azhumii regresó con el micrófono:
 —Lamento interrumpir —dijo—. La nave ya está en el horizonte estelar y el canal con la central está abierto. Aquí tienes el micrófono, Jeremías.
 —Azhumii, un favor más. ¿Tenemos explosivos o detonadores de gran potencia? —preguntó Jeremías con voz contenida.
 —Sí, contamos con suficiente material para una detonación significativa —respondió ella—. Podemos instalar un detonador remoto en el centro de la base. Nos tardamos nada.
 —Perfecto. Prepárenlo. Lo pondremos en el núcleo de la base; en un instante salgo.
 Wian apretó la mano de Jeremías y lo miró a los ojos.
 —Harás algo que no me gustará —dijo él—, pero si sale bien, habrá una oportunidad para ganar. Confía en mí.
 —Confío en ti, con todo mi ser, con toda mi alma. Tus decisiones terrícolas parecen arriesgadas, pero aciertas —contestó ella; los lunares rojizos brotaron en su rostro como una respuesta emocional.
 Ambos salieron de la sala y recogieron lo imprescindible mientras el resto de la base terminaba los preparativos. Se dirigieron al centro de la instalación.
 —¡Vamos a iniciar esto! —dijo Jeremías, con la determinación de quien no encuentra ya vuelta atrás.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Las pecas de la luna. Capítulo 2

Un nuevo amanecer

Ataque en Xochi-ï XII